Adolfo J Peluffo


Cuentos de éste autor:

Marita ( link para descargar)

Marita

Debe tener la edad perfecta para salir con sus amigas, solo preocupándose por que se va a poner, o pasarse soñando con ese chico que le gusta…pero esta ahí, sentada a la par de una estufa de cuarzo: dos velas, eléctrica, china y antigua.
Sumergida, está Marita, en luz naranja y  hedionda nube de tabaco, cerveza derramada en el piso, orín y perfume barato. “Cumbia” tiene la exclusividad en la moderna rocola, la cual parece cómoda tocándola, y la toca toda la noche.
Enfundadas en una negra telaraña de nylon, los  precoces jamones de Marita. Bien premiosos, cruzados y depilados se venden solos (sin mucho esfuerzo) a esos desgraciados machos sub-urbanos (muchos hay también urbanos y que ostentan títulos y grados), que ebrios de alcohol y lujuria, buscan barato, joven y pasivo placer.
Marita ya no piensa. Marita solo abre las puertas, sus puertas…Marita solo abre las piernas y no goza.
Recuerdos alegres pocos tiene. Recuerdos de los malos la atormentan. Mientras ve ese cuarzo naranja por los 220 volts., su mente se despierta en esa expedita infancia, en ese padre ausente y las parejas de su madre…esos hombres que daban votos de mejor vida, fidelidad y viajes, y solo procuraban golpizas, gritos y vino barato. Estos recuerdos, buenos y malos, son cortos, para Marita acordarse es perder tiempo, y sí Kronos se le escapa, sus carnes jóvenes y tiesas se vuelven viejas y se caen; sus dientes se ponen amarillos y débiles; y su arancel cae a pique. Sin mencionar la paliza y reprimenda económica de su fiolo. Hay que comer y no pensar, y para comer, Marita coge.
Un huésped se le acerca y corta su pequeño lapso de concentración: “veinte” solo se escucha, y su mano se estira al hombre. Sus piernas y sus tetas se levantan de su trono de plástico blanco, se va al aposento, en el cual solo se descansa de dia…
Su mentolado aliento, en unos segundos se convierte en látex. El nylon de sus medias la apreta e incomoda y Marita solo ruega que sus áureas sandalias coreanas no se despeguen en el trajín. 7 minutos por veinte pesos. “7 x 20”. Ya pasó, Marita se regocija dentro de su tristeza…7 x 20 se repite y se repite, hasta que Febo Apolo cruza el horizonte en su carro, dejando ver el alba.
Las estrellas como las putas se van a dormir.
Los insomnes pródigos de toda clase son vistos en calles, callejones y avenidas volviendo a algún hogar. Los bolsillos flacos, la camisa manchada, la mente aturdida y los pasos zigaguiantes.
Cartones, vidrios, colillas y hombres quedan abandonados e iluminados por el sol. Sus desgracias parecen más desgraciadas.
Marita limpia el baño de su habitación…esos baños que solo tienen bidet y una cesta llena de preservativos usados. Tiene que estar todo “limpio”.
Otra noche cae. Plutón esta suelto en las calles, y gracias a él y su oscuridad infernal, Dionisio se hace feliz y comienza su tour.
El antro esta oscuro y abastecido de alcohol y mujeres…cuando los chicos vuelven de la escuela, “Cumbia” comienza a sonar…las Maritas se maquillan, se visten para parecer desvestidas…el de seguridad llega.
Todo esta listo. Otra noche más.
“Marita muerde el labio y va otra vez” dice Solari. No le queda otra. El noctámbulo sale de su casa, con el bolsillo gordo…Marita solo piensa “hoy es viernes.” mientras se sienta en su silla.

Adolfo.

FIN

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Cimarrón medio atigrao

Te ganaste un lugar de privilegio en la Historia Universal de la Infamia.
Me brota (y nos brota) ese estupido orgullo provinciano que infla el pecho por la ridícula causa de que vos eras del pago: argentino, tucumano, ranchileño.
Cuando te pusiste el traje de madera para volver a tu pueblo por ultima ves, te dijeron Malevito, te vanagloriaron como gaucho de ley, te compararon con los héroes de la gesta de la independencia y tres mil almas te aplaudieron pasándose de cabeza en cabeza tu sombrero y de mano en mano una bandera argentina.
Tenías el destino del héroe popular. Héroe de ese pueblo que adora a los que la justicia odia. Mate Cocido, el Calandria, Antonio “El Gauchito” Gil.
Serias uno de ellos si hubieras tenido tus andanzas por el 1900, pero no subestimemos el poder de Crónica TV, que te puso en placas rojas, rojas igual que la sangre que broto de tus canas cuando te pegaste el plomazo con la Ballester Molina.
Lo vio todo el país, y lo seguiremos viendo mientras Youtube nos permita alimentar el morbo, y la política de derechos humanos siga persiguiendo a hijos de puta como vos.
Eras policía, asesino de zurdos en los 70, asesino de cuatreros después y jefe al último.           Los años de andar a caballo por el Este te hicieron querido de los paisanos, quizás por miedo, quizás por la simpatía que tienen todos los malevos, o porque en el campo no se le niega el agua, el asiento y el saludo a nadie.
Mataste. Te declaraste asesino de la dictadura y te sentenciaron por otro asesinato en el campo en ejercicio de tus funciones. Hasta te piraste de tribunales, con tu sombrero blanco y patillas que se fundían con el bigote, tal buen Chacho o Facundo. Aunque esas camisas negras con parches rojos en las mangas, sombrero de cowboy, botas texanas y Wranglers te daban ese halo noventoso de Walker Texas Ranger. Personaje completo, con pistolera y todo.
¿Algo más clásico que la ley verde y federal pisándote los talones y vos trepado en un mangrullo resistiéndote? Butch Cassidy y The Sundance Kid en Bolivia no tenían cámaras, pero me imagino un final parecido para ellos.
Vos quisiste evitar la cárcel y el circo previo, además de los tiros que iban a ser también para tus hijos que, corajudos de más te iban a defender, como buenas crías tuyas que son.
Que escena Malevo, que escena la puta que te parió: sentado en las alturas con dos tanques de agua plásticos al lado y un techito de tela para que el sol de San Andrés no te queme de más. Vos hablando ante una periodista y despotricando contra el juez, Cristina y todo el setentismo reload, mostrándonos con tus convicciones que todos son unas mierdas, vos y ellos. Tus ojos que se iban para el portón de a ratos, siguiendo los movimientos de los de gendarmería, que terminaron entrando por detrás, como buscando sorpresa. Los viste, hasta un ciego los vería. Le clavaste la mirada primero a ellos y después a tu gente.
Para terminar de dar el toque de tragedia clásica al menester, bajaste el telón con una frase de amor para tu Maria. Pum.
Esto no era una representación, era la vida real mas cruda y las únicas flores que recibiste fueron en tu cajón abierto. Lastima que no pudiste inclinarte para saludar y agradecer. Ni el sombrero te sacaste, pero te lo perdono porque el Malevo sin sombrero no es el Malevo.
La Historia es lineal, pero tiene estos episodios que nos dan la sensación de ciclicidad que muchos defendieron. En fin, leyendas en sepia y de coche-motor, pero a todo color y en vivo y en directo para todo el país.

FIN

3 comentarios to “Adolfo J Peluffo”

  1. Ricardo 13 febrero 2009 a 04:56 #

    Hola Adolfo:
    Muy bien llevado, buena cohesión, y el hecho de que no sea muy original, le da más mérito, porque atrapa tu forma de relatar.
    Te felicito
    Ricardo

  2. Ricardo 21 febrero 2009 a 13:38 #

    Hola santiago:
    Espero hayas leido mi comentario de bienvenida. Si, no, bueno, cuando tengas ganas hacelo. me encantaía una devolución, buena o mala. de todo se aprende.
    Saludos Ricardo

  3. Bebu 10 septiembre 2010 a 19:54 #

    Marita ya no piensa. Marita solo abre las puertas, sus puertas…Marita solo abre las piernas y no goza.

    Me gustó mucho..como con palabras nos llevas a lugares y nos haces sentir emociones, como las del fragmento que transcribí arriba… gratamente sorprendida!

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