Martín Teglia


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Diálogo con tu sombra:

Cuantas cosas quedaron pendientes a tu muerte y que mejor prueba para demostrar la  intensidad de tu vida. Tu tenacidad no impidió que tu cuerpo maltrecho se corroa por tantos años de campañas militares que dejaron su marca en tu delicada salud. No había nada que hacer y lo sabías, sin embargo mostraste tu nobleza hasta el fin, obligando al último médico que te atendió, y a su pesar, recibir tu última pertenencia de lo que fue una buena riqueza. Un reloj. ¿Quién te lo había regalado? ¿Tu padre Domenico Peri, luego llamado Domingo Pérez? quizás lo trajo de su pueblo Oneglia en Liguria, Italia.
Tu apellido Belgrano, si que es toda una curiosidad. Tu padre lo escogió porque representaba una antigua tradición. Buen augurio en las cosechas de trigo y vaya coincidencia, tu que has estudiado a los fisiócratas. Tu apellido y tu ideología unidos por la tierra, como si fuesen dos líneas que confluyen en la conclusión de que la naturaleza es lo único capaz de generar riquezas ¿cosas del destino o eras un buen hijo de Adán, hecho de su misma tierra?
En ese plano hay otra coincidencia que más bien atribuiría a tu coherencia. Al igual que el General San Martín y el Venezolano Miranda querrás a un descendiente Inca como monarca y líder de la Revolución. Propondrás al hijo del sol, otra fuerza natural, como rey, aunque limitando su poder por un parlamento al estilo Inglés. En ese entonces corría el año 1816 y solo quedaba una única República en pie, la Norteamericana y vos sabías que después de la caída de Napoleón nadie aceptaría a otra. En Buenos Aires se reirán de la idea, dirán que nadie obedece a un rey de la casta de chocolate. Pero que te importa, nunca te ha interesado lo que piensen esos burócratas. Cuantas veces te has puesto en contra de sus órdenes de mera conveniencia, sin ir más lejos la creación de la bandera fue producto de tu rebeldía y mientras eso sucedía, ni quieras imaginarte la cara de furia de Rivadavia cuando se enteró. Eras una piedra para negociar la protección (o mejor dicho entrega) con Inglaterra. Buenos Aires no quería hacer enojar más a las potencias de Europa, y vos les mostraste que la independencia no se negocia ni con el imperio decadente ni con los otros. En cuanto a sus colores ¿los tomaste del cielo o de las insignias Borbónicas? Como estaban las cosas en Europa por aquel entonces, nadie iba a suponer que el inepto de Fernando VII de los Borbones podía volver al trono Español. Sí era él mismo quién entregaba a Napoleón a sus propios seguidores para que les corte la cabeza.
Se que estás agotado de repasar una y otra vez lo sucedido, pero necesito volver una vez más al principio de la Revolución de mayo. Cuan difícil es pensar lo ocurrido, cuantos hechos son posibles encontrar como antecedentes de una consecuencia. Las causas y los efectos, y los efectos que son causas de otros efectos, en una sucesión interminable de hechos que marcaron las vidas de generaciones, de tus tiempos y de las que vendrán con posterioridad. Las formas de hacer política, la libertad y la dignidad de los oprimidos. Cuantas cosas esenciales en juego.
En este proceso radical y profundo, quizás podríamos señalar como antecedente  inmediato a la fragata que ancló en Montevideo con la noticia que las tropas de Napoleón Bonaparte habían invadido España y apresado al rey Fernando VII. Si bien el virrey Cisneros intentó ridículamente silenciar la noticia, pero vos y tu primo Castelli se ocuparon  de difundirla, volviéndola una bola imposible de detener. Empero, las causas de la revolución son mucho más recónditas, complejas y sus orígenes se remontan a bastante tiempo atrás.
La debilidad y el desprestigio de la Monarquía; el sistema de funcionarios, que favorecía casi exclusivamente a los españoles peninsulares, la rivalidad entre criollos y peninsulares, el ineficiente monopolio económico de España, los movimientos ideológicos del Iluminismo y las ideas de la Revolución Francesa
Como intelectual, preferías encontrar las causas en estas últimas dos causales, pero como hombre de acción no podías dejar de destacar la gran demostración de valor de   los criollos durante la resistencia a los ingleses en las dos invasiones frustradas y como contrapartida, la debilidad de las autoridades españolas en organizar una defensa eficaz.
La primera invasión se produjo la noche del 24 de junio de 1806, cuando una fuerza de aproximadamente 1600 hombres del Regimiento 71 desembarcó en las costas del sur de Buenos Aires y avanzó casi sin oposición hacia el Riachuelo. Era la adaptación imperialista a un plan ideado por el Venezolano Francisco de Miranda cuyo fin era lo contrario, liberar a las colonias  ¿la idea del Inca, la habías tomado de él?
Miranda engañado por el veneno y la naturaleza del escorpión le había otorgado a los ingleses las llaves de la puerta de entrada al virreinato. El 2 de julio las autoridades del virreinato entregaron Buenos Aires a los británicos, sin el virrey Sobremonte, claro está, que antes de huir fue interceptado por una guardia Inglesa en Lujan, obligándolo a entregar el tesoro público que llevaba en su carruaje.
¿Cómo dieron con él? Los ingleses amenazaron a la gente “más sana del vecindario”.Sí el tesoro no aparecía se cobraría el botín de guerra con sus riquezas. Temerosos de la represalias vendieron al virrey. Enterado de lo ocurrido dirás una frase que resuena con eco en mi cabeza, el comerciante no conoce más patria, ni más rey, ni más religión que su interés.
El 12 de agosto, una fuerza compuesta por milicianos criollos y un ejército regular al mando de Liniers, acorralaron y vencieron a los ingleses; y el 20 de agosto estos firmaron la capitulación. Allí participaron Artigas, Güemes y otros más que irán adquiriendo experiencia militar y serán protagonistas en las futuras campañas militares por la independencia.
Ante la posibilidad de una nueva invasión, se instó al pueblo a organizarse en milicias, y en ese ámbito, la ciudad no solo se militarizó sino lo que es mas importante aún, se politizó. Las milicias eran un ámbito propicio para el debate y vos participaste activamente del proceso. Por su parte Bereford, el líder inglés derrotado, se tomaría revancha varios años después, volvería con los portugueses para destruir la revolución Artiguista en la banda oriental. La  naturaleza del escorpión.
En 1807 se produjo la segunda invasión inglesa. El 3 de febrero los británicos tomaron la ciudad de Montevideo. Enterado de lo sucedido, en Buenos Aires se dispuso la destitución del huidizo Virrey Sobremonte, designándose en su cargo a Liniers (héroe de la reconquista, ulterior oponente de la revolución y junto a Cisneros primeros grandes derrotados). Nombramiento que debemos considerar como el primer gran precedente de autodeterminación popular.
El 28 de junio los ingleses desembarcan otra vez en Buenos Aires y ordenaron el avance de las tropas, pero la defensa de los criollos y la desorganización de los británicos hicieron estragos en sus columnas. Para los ingleses fue una gravísima derrota militar, que una vez finalizada la excursión le valió a su jefe Whitelock un proceso judicial que ordenó su destitución militar. Finalmente, el 7 de julio los invasores aceptaron la capitulación propuesta y se retiraron de Buenos Aires y de Montevideo.
Por esos días vos estabas involucrado en tu propio proyecto libertario. Habías formado el partido del Carlotismo. Pretendías valerte de la infanta Carlota Joaquina como medio para conseguir la independencia del virreinato. Mantuviste correspondencia con ella, con el propósito de que acepte el cargo de reina del Río de la Plata. El plan no prosperó pero te acercó con los grupos revolucionarios.
Una vez difundida la caída del rey español, los hechos, repito,  se sucedieron como una bola imposible de detener. El viernes 18 de mayo de 1810 vos y tus compañeros sostuvieron reuniones con Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, y decidieron solicitar una convocatoria a Cabildo Abierto al virrey Cisneros (quién poco tiempo atrás había reemplazado en el cargo a Liniers). El 20 de mayo el virrey, jugó una de las últimas cartas, se reunió en el fuerte con los jefes militares para saber si contaba con su apoyo; por su parte, éstos se mostraron partidarios de la convocatoria. Finalmente, sin apoyo militar, el 21 de mayo Cisneros autorizó el Cabildo para el día siguiente.
El mismo 21, French y Berutti encabezaron una milicia denominada la legión infernal, un grupo de alrededor de 600 hombres armados y movilizados para lograr la convocatoria al Cabildo. El día 22 de mayo se abrió el Cabildo para tratar la ilegitimidad del gobierno español y la autoridad del Virrey. Se enfrentaron dos posiciones: la revolucionaria de Castelli y Paso y la conservadora del Obispo Benito Lué y el fiscal Villota. Estos últimos sostenían que mientras hubiera un español los americanos debían obedecerle. En tanto que tus compañeros revolucionarios adoptaron la postura que desaparecido el legítimo monarca, el poder volvía al pueblo y este tenía el derecho de conformar un nuevo gobierno. Tu función era la de estar al lado de la ventana, si la cosa se ponía fea debías dar aviso a la legión que esperaban en la plaza, por suerte no hizo falta, y el resultado de la votación fue la destitución del Cisneros.
El 24 de mayo se formó una Junta Provisional Gubernativa, integrada por Cisneros. ¿Te estaban tomando el pelo? Al enterarte, vos y tu grupo, mostraron su descontento y sintetizaste el enojo advirtiendo que sí Cisneros no renunciaba para las tres de la tarde lo ibas a derribar con tus armas.
El 25 de mayo de 1810 el Cabildo se reunió dispuesto a rechazar la renuncia de los miembros de la junta; pero tu grupo proclamó que la junta era nula y Cisneros debió renunciar. Viendo las dilaciones del cabildo, tus compañeros comenzaron a amenazar con recurrir a las armas, ante lo cual los cabildantes accedieron a nombrar al nuevo gobierno, la Primera Junta. Si bien la conformaban varios integrantes, el poder real se encontraba dividido entre Saavedra y Moreno, a vos te designaron el puesto de vocal.
Su conformación marcó el comienzo del ejercicio del poder emancipado de la metrópoli prescindiendo de las políticas dictadas por España. No obstante, el resto de la organización política virreinal continúo intacta y operando en contra del nuevo gobierno. El Cabildo, el ex virrey y la Audiencia, eran los principales núcleos de oposición. Esta última se atrevió a no reconocer el poder de la Junta, y la Junta ordenó la detención de sus miembros y su embarque hacia España, junto con Cisneros.
En el interior del virreinato, las autoridades de Córdoba, Potosí, Cochabamba, La Paz, Chuquisaca, Paraguay y Montevideo desconocieron el poder de la Junta y organizaron movimientos contrarrevolucionarios; el más latente, por su cercanía, fue el de Córdoba, que contaba con Liniers. Quién  inmediatamente estableció contactos con las autoridades alto peruanas y reunió fuerzas para resistir.
Enterada de los planes la Junta trató de disuadir a los complotados para que no emprendieran ninguna acción de fuerza. Tanto fue así, que le enviaste una carta al mismísimo Liniers, pero te respondió insultándote. No les dio más opción que recurrir a la acción armada, para poder hacerlo, debieron organizar un ejercito y una colecta para financiarlo. Mostraste nuevamente tu generosidad donando el sueldo de vocal que te correspondía. Su ejército venció fácilmente a los contrarrevolucionarios pero se negó a fusilar a los cabecillas. Las revoluciones se arman de sangre, y esta no era la excepción, Moreno ordenó y Castelli los ejecutó. Muerto Liniers, la revolución se consolidó.
Pese al primer triunfo, las divisiones en el gobierno se agudizaron.  Más a fin a tus ideas, el grupo “Morenista” señalaba la necesidad de la reunión de un congreso general de los pueblos para la organización definitiva del Estado y aspiraba a la organización constitucional, basándose en la soberanía popular. El otro, adoptó una posición más moderada postergando la definición de la forma de gobierno. Este grupo se autodenominaba “Saavedrista” y contaban entre sus filas a los cuerpos militares.
En tanto, las ciudades del interior, cumpliendo lo dispuesto por la Junta enviaron a sus representantes a la capital. Tu compañero Moreno se opuso a integrarlos a la Junta, pero los Saavedristas lograron su incorporación, fue así que se formó la Junta Grande  y con ella se alteraba los propósitos y objetivos de lo que vos creías que debía ser la revolución.
Mientras tanto tu primo Castelli fue enviado al Alto Perú (tiempo después proseguirás su campaña) obteniendo el 7 de noviembre de 1810 la victoria de Suipacha,  la cual permitió liberar el Potosí y expandir la revolución en la región. En cambio a vos te enviaron al Paraguay en una misión imposible.
Tus instrucciones eran ayudar a los revolucionarios paraguayos y cortar las  comunicaciones del Paraguay con la Banda Oriental. Partieron 200 hombres de Buenos Aires. Rejunte de las divisiones de infantería n° 3 de Arribeños, Regimientos de Pardos y Morenos, algunos granaderos de Fernando VII, posteriormente se fueron incorporando tropas diseminadas por las costas de Paraná junto con milicias de Misiones y Corrientes. Finalmente en Paraná recibiste a 200 Patricios y el ejercito quedó conformado por casi 950 hombres, con carabinas que no resistían ni tres tiros. En este contexto organizaste la división en cuatro compañías que marcharon por territorios sin caminos, plagados de cursos de agua, mosquitos y con ausencia de poblaciones que permitiesen el abastecimiento.
Las lluvias, el calor húmedo y el lodo que los empantanaba. La moral de la tropa que iba menguando. La lluvia y las deserciones. ¿Cuántas veces te detuviste a pensar en ello? Si existiese dios entre tanta lluvia, estoy seguro que te perdonó los fusilamientos de esos dos infelices. No quedaba otra salida, era un virus latente que se podría extender al resto de la tropa, y la misión inevitablemente fracasaría.
Velasco te estaba esperando con un ejército de 7000 hombres. No estaba nada mal ocultarle la marcha, pero eso hizo que te desencuentres con Rocamora y sus 400 milicianos, después lo encontrarías pero no los pudiste usar en la ofensiva. ¿Qué me dices de esos otros 300 Correntinos que enviaste a Paso del Rey con el fin de engañar a Velasco sobre el paso que cruzarías el Paraná, en este juego de intrigas y espionaje? ¿Cuantos efectivos te quedaban? ¿Menos de 500? A pesar de todo seguías arremetiendo contra el destino. Jornadas de 40 kilómetros en el barro. Luego cruzar el Paraná de noche con botes y balsas, improvisados con cuero y troncos, para que una vez en la otra orilla ataques, con completo éxito, al primer puesto de defensa Paraguayo.
Velasco comenzó a replegarse con la población y el ganado dejando completamente desierto  los poblados de la zona. Vos harás lo mismo en Jujuy. Se detuvo al norte. Te estaba esperando. Tu idea era difícil, atacar por sorpresa y en la oscuridad con los casi 500 hombres que conformaban tu ejército, a otro ejercito que te superaba tal vez en más de diez veces. Estuviste muy cerca. Atacaste al centro y lograste la dispersión de esa división Paraguaya, pero también estaban las alas, izquierda y derecha, que ejecutaron un movimiento envolvente que te tomó por sorpresa.
El repliegue fue tranquilo ya que no fuiste perseguido. Podíamos decir la paz previa al infierno. Los Paraguayos te estaban esperando en Tacuarí, otra vez te superaban ampliamente en número y ni siquiera contabas con el factor sorpresa. Te atacaron por río y tierra y te defendiste con dientes apretados. Rechazaste la oferta de rendición con amenaza de ser pasados a cuchillo. Los combates se reanudaron y vos y tus hombres demostraron todo el coraje que se puede mostrar en tales circunstancias. Finalmente, la derrota era inevitable, le ofreciste retirarte al otro lado del Paraná y aceptaron.
Pero el destino y el estado de ebullición jugaron de tu lado, el 14 de mayo de 1811, poco después de tu derrota, estalló en Asunción una revolución liderada por liberales que destituyó al gobernador y estableció una Junta local. Desacuerdos con el gobierno de Buenos Aires impusieron una política aislacionista que mantuvo al Paraguay al margen de la guerra por la independencia. El 9 de agosto te pidieron que vuelvas a Buenos Aires para responder a humillantes cargos, te imputaban haber sido derrotado por un ejército superior en armamento, numero y que ocupaba posiciones defensivas. Deberás acostumbrarte porque dentro de dos años te volverá a ocurrir. Los Saavedristas intentaban atacar a los Morenistas, pero no con vos. Te liberaron de todo cargo y te enviaron al Paraguay en misión diplomática, allí firmaste un tratado de unión.
Asumido el Triunvirato, mantuvo la política de aparentar fidelidad a Fernando VII, aunque las guerras de liberación continuaron. Tu distanciamiento con los burócratas de Buenos Aires se iba haciendo cada vez más evidente. Primero te ordenaron que no utilices la bandera que juraste en Rosario. No les hiciste caso. Llegaste hasta Jujuy -desobedecido órdenes precisas que te obligaban a retroceder hasta Córdoba-. ¿Rivadavia te ordenaba regresar? ¿Quería salvar su pellejo?. Vos en cambio hiciste bendecir la bandera y luego partiste con toda la población Jujeña hacia Tucumán, donde obtuviste un gran triunfo ante los realistas. ¿No hay imposibles? ¿No aprendiste nada del Paraguay? ¿ni a tener un poco de miedo? El ejército de Tristan te duplicaba en número pero vos no querías abandonar al pueblo que daba la vida por esta revolución. No quisiste entregar Tucumán como antes habías hecho con Salta. Una y otra vez la indiada y la peonada, en arrojos de coraje, atravesaban las filas enemigas. Los temibles gauchos tucumanos demostraron sus destrezas en el caballo. No querían ser lacayos y por que no, buscaban el botín de guerra.
En Europa, las tropas anglo españolas estaban logrando la recuperación de la península y la liberación de Fernando VII era previsible. Ante ese contexto en Buenos Aires, una posición encabezada por Alvear sostenía la necesidad de negociar con Fernando VII, postergando la declaración de Independencia y la definición de la forma de gobierno. San Martín, en cambio, lideraba la otra posición; su intención era declarar urgentemente la Independencia, y nombrar como jefe de gobierno a un monarca Inca.
Un poco al margen del calor de esas disputas, vos te encontrabas frente al fuego de las batallas y obtenías otra victoria resonante. Salta. Desoyendo otra vez a Buenos Aires perseguiste al ejército diezmado de Tristan y le propinaste otro terrible golpe. Como premio te dieron 40 mil pesos, que destinaste a la construcción de cuatro escuelas, la última de ellas se terminó de construir hace algunos pocos años.
Luego sufriste dos derrotas consecutivas, el desastre de Vilcapugio y Ayohuma. Esta situación sumada a la posibilidad en que sea liberado Fernando VII, hizo que el Triunvirato solicitase a la Asamblea concentrar el Poder Ejecutivo.
En enero de 1814, la Asamblea dispuso la creación del cargo de Director Supremo, que ejercería el Poder Ejecutivo, duraría dos años en su cargo y sería elegido por la propia Asamblea. Para dicho puesto fue designado Gervasio Antonio de Posadas, quién asumió el poder 31 de enero de 1814. Un día antes, vos le transferías todo el poder del ejército del norte al General San Martín y por tus derrotas debías someterte a otro deshonroso proceso judicial, que no lograría disfamarte, no para mí al menos.
Lo que siguió fue la restauración monárquica a mano de Fernando VII y la preparación de expediciones españolas para recuperar sus colonias. Pero no podrán con las provincias del Río de la Plata. No después de las batallas de Tucumán y Salta, éstas serán los antecedentes victoriosos a las campañas militares seguidas por los generales José de San Martín y Simón Bolívar, quienes terminaron por concretar el sueño de Tucumán, el 9 de julio de 1816. Aquel día vos apenas podrías sonreír, estabas preocupado. Recién habías llegado de tu fracasada misión por Europa,  cuyo objetivo era que las potencias reconozcan nuestra independencia, cosa que no hicieron. Tras lo cual seguirás siendo el protector de la revolución, prestando distintos servicios a la patria, hasta que una mañana del 20 de junio de 1820 moriste en Buenos Aires, una tierra liberada.

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Una respuesta to “Martín Teglia”

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  1. Bienvenidos! « Literae / Sólo Nuevos Autores - 12 septiembre 2010

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