René Dubois


Poesías de este autor:

link para descargar

Varias poesías:

Muertecita

Tengo un enemigo
adentro,
muy adentro de mis
entrañas.
Se pasea con su
silueta llovida, tratando
de tirar de la punta del ovillo
de la tristeza.

Soy un pequeño sol errante,
un sol sin abrigo
muriéndose de frío,
mi única alegría es
mirarte bailar en
el escenario del mundo,
naces en cada lugar
donde pongo mis ojos.
Tienes el don mágico
de hacer dudar al tiempo.

Tus ojos verdes
enormes ojos que viven
en cada suspiro,
dan cuerda al reloj del mundo.
Estoy parado en el costado
más sensible de tu mirada
y yo me pregunto:
¿y si tú te murieras,
que sería de nosotros
los habitantes del mundo?

Nuestro mundo,
como una luna muerta
o como una estrella apagada
frente a nuestros
reproches,
los días pasarán
tan llenos de nada,
muertos
incontables
eternos.


Algunas Palabras

La agonía y la congoja
son demasiadas para mí,
hay señales en todo mi cuerpo
que indican que ya no hay nadie en él.
Parezco estar buscando
un rayo de luna para esta noche
fría y oscura,
mientras nuestros enemigos
duermen
y nuestras mujeres
son libres.
Un enemigo armado
de ideas y ternuras
al que no puedo derribar,
estos ojos sin rumbo
que deben ensayar otra mirada
mirada otra, mirada rota
muda y ciega, sorda y vacía
hacia el cielo, para poder
contemplar las cicatrices
abiertas de la noche
y los tesoros de la luna
Aún recuerdo tus ojos
aún recuerdo tu ternura,
aprendimos a reír juntos
aprendimos a llorar solos
mientras nuestra amistad
se queda, se quedó
vomitando, perpleja, boca arriba
su propia basura
para empezar de nuevo
entre los espacios
de la muerte.

Colección de recuerdos #2

Me corté la lengua y destrocé mi inteligencia, con la garganta muerta grité con el mismo carisma de un perro rabioso. Esta es mi primer tormenta de nieve, mis ideas penden de un árbol alto y seco, donde el cuervo de mi hijo aún no nacido, cuelga su corazón. Este es el sucio cristal donde mi oscura compañera me observa y se ríe, desnuda, abrazada a otro hombre. Ésta es mi lengua de fuego que se extiende a mi alrededor, ataca y contraataca, a los zapatos, los acordeones y las corbatas. Hay un caballo muerto enterrado a mis pies.
Me corté la lengua y destrocé mi inteligencia, mi boca magulla pretensiones artísticas que los callejones de la poesía se encargan de destruir.
Soy mi propia leyenda, exenta de impuestos intelectuales.
Después de todo, todos merecemos ser apedreados.

Noche

Sentado en un astro
distante y lodoso
estoy dispuesto a encontrar
el último abrazo de la vida
bajo la pareja insistencia
de las estrellas.
Mantengo todavía
el ocio sereno de la incertidumbre
mientras escucho mis
vagabundas fascinaciones,
aullando a mis propias estrellas
de cristal, empastadas en el techo
oscuro y triste de la noche.

Con la paciencia de un hombre-hormiga,
contemplo el destino perdido
de nacer y morir en las tinieblas
el hambre eterna
del hombre inmortal,
tú serás el nombre del mundo
en ti se tocan la estrella y la tierra,
con tu corazón abierto a la vida
esta noche, en tu corazón, desgarrado y abierto
adentro de ti mismo, fuera de ti mismo
caminando por la orilla
con tu cabello peinado por el río
y las gesticulaciones cansadas
de no recibir respuesta alguna.

Vives y no te ves vivir
-vivir, que paradoja-
sientes como es caer
al fondo del tiempo
interminablemente,
bebo vinagre y me corono de espinas.
Con los ojos abiertos para siempre
devorados por las aves
ya no sé hacia donde mirar
hacia donde dirigirme
y caigo de mi astro…

Y nada, nada
Me importa más.

Protesta

Mi vida comienza
todos los días,
me deshice de mi pasado,
estoy compuesto de palabras
palabras falsas,
palabras que ni siquiera
me pertenecen,
palabras ocultas,
palabras nunca dichas.
Mi vida es un rito de
palabras muertas,
que en esta noche
desdentada y sangrienta
me deja caer hacia el
fondo de mis ojos,
tú eres mi testigo,
tú, áspero y amargo
recuerdo que  cae
violentamente sobre
la armadura de piel
sobre mi carne,
tengo la boca
llena de sangre,
escupo mi rabia
cada vez que hablo,
persigo fantasmas toda la noche,
escribo, leo y pienso.
Que va a ser de nosotros,
ahora que sólo nos queda
esta sucia noche hembra
a la que amamos,
un instante apenas
para que nos devuelva
a donde pertenecemos
y sin embargo
inventamos historias,
cantamos, lloramos,
pero es inútil.

Escribo, leo, pienso
pero es inútil.

Últimamente

Nací un día cualquiera
en una calurosa tarde
de verano, utilicé el mejor llanto
de mi repertorio,
mientras una mujer
sin cadenas, se escondía
detrás de su dolor.

Ahora estoy
asomado al precipicio
de la incertidumbre
cayendo en las
trampas de la memoria.
Quiero dar un paso adelante
pero una mano roja me sujeta fuerte
y me empuja hacia atrás.

Ésta es mi oratoria
apagada, mi grito sin luz,
mis decisiones
ya no me pertenecen
quisiera ser veloz
para que el tiempo
no me alcance jamás.

Trato de no respirar
sostengo mi vista en el aire,
me muevo con sutileza
y miro mis manos,
como un sueño deshilachado
descubro que mi nombre
es mentira que resplandece
en cada nuevo día.

Solía vivir
en un parapeto de cristal,
desde allí contemplaba
a las personas, a las oleadas de gente
que fluían por la avenida,
las mujeres creían
que yo era un romántico
desencantado
analizando un mundo en ruinas.

Nací un día cualquiera
en esta ciudad,
un lugar pintado de muerte
una muerte que nunca
llega,
donde es imposible
mirarse,
tocarse,
abrazarse,
búsquedas eternas
donde nadie encuentra nada.

Me han contado
que el cielo está cerrado
y el infierno está lleno,

no tengo a donde ir.

Poema para una actriz

Conjeturo con melancólica vanidad
que no hay humillación que me pertenezca.
Cuando pesco metáforas a orillas de tu pelo
y beso tus pies húmedos
quisiera saber si realmente tiene sentido.
Nunca fuiste una gran musa para mí,
pero supongo que nunca fui un gran poeta.
No estoy protegido contra el dolor,
estás armada con tu arco y tú flecha de muérdago,
observo tus manos, observo tus pechos,
toco tus labios, me prometes nunca dejarme
y me dejas dormir en tu vientre, no seré tu esclavo, tampoco tu amigo.
Adoro tus viejas ceremonias
y tus ojos de mar profundo
en los que naufrago placenteramente.
El muérdago me atraviesa el pecho,
tu cuerpo se ciñe con el mío,
no hay humillación, tú me quieres.

Tu pedantería artística me provoca náuseas.
Mirándonos en un espejo de agua,
tengo una flor entre los dientes,
se escuchan los pasos de alguien acercándose,
mi thug ha venido a buscarme
y yo estoy dormido entre vaivenes y tristecías.
Somos amigos de la nieve,
somos desconocidos tocándose en la oscuridad,
en el vacío, donde nuestras caricias se conectan.
No hay humillación, tú me quieres.
Podríamos lanzar un maleficio, levantar un puño en alto
contra este espejo y esta nada.
Tu cuerpo está ahora flotando en el agua
repleto de autoestima, mientras discuto a cuchillo con el tiempo.
Vivimos buscando maravillas,
bebemos vino, leemos a Cortázar.
Sin darnos cuenta que somos un fracaso.
Tus labios hablan en silencio, no puedo oírte, no quiero oírte.
Tú me quieres, de verdad lo haces
pero te estás quedando ciega,
pronto olvidaras mi rostro…

Nuestras Cadenas

Bajo los pies del horizonte
con el pecho lleno de recuerdos,
estoy preso y arrastro mis cadenas.

Y el aire que trago ruge en mis entrañas,
se oyen los gritos de los muertos
debajo de la tierra,
mientras un colibrí canta
su canción desencantada en un árbol
flaco y seco.

Mi ojo abierto y suave,
mirando hacia la nada
con infinita precisión,
mi mente es mi único refugio.

Por lealtad a un fantasma,
espero a que amanezca
para ser libre otra vez,
pinte con sangre tu nombre
en la pared,
soy estatua de mi tiempo.
Como las cosas
que no pueden nombrarse,
como pasos que se pierden

al final
se escucha un susurro.

Hermanados por una mirada,
no vacía
sino vaciada
de lo que había tenido
y confesado antes,
estamos presos
y arrastramos nuestras cadenas.

Tu nombre

Estás preguntando por cosas
que nunca pasaron
y por gente que nunca existió.

Las lejanías que se acercan
como un eco
de gesto en gesto,
tan triste como un niño
quedándose huérfano,
cansado de pelear contra el olvido,
desnudo y frágil frente al mundo.

El viento se hace parábola
de las flores en orgía,
la bruma poco a poco
se va esfumando.

La mirada vacía
con los ojos de los muertos,
hemos olvidado
la lengua de los niños,
estamos condenados
a naufragar en la oscuridad,
con una alucinada lucidez,
los recuerdos se vuelven
carne y uñas.

Me dejo llevar por
la imaginación,
todos los días son el mismo
hoy es igual a ayer
y a mañana.

Quiero decir tu nombre
y la palabra se me quiebra
entre los labios,
quiero decir tu nombre,
quiero decir…

tu nombre.

Anuncios

2 comentarios to “René Dubois”

  1. Juliet 2 abril 2009 a 21:48 #

    Me gustan tus poemas Dubois, son extraños e inquietantes, me gusta ese coqueteo entre la tristeza y la apatia.
    Saludos

  2. Raul 5 agosto 2009 a 17:37 #

    Me ha gustado mucho el poema “Protesta”,tienes un estilo un poco inusual de poesia pero es encantadora,melancolica, por momentos deprimente pero elegante.
    Sigue asi!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: